un viaje impulsivo
El viernes pasado a las 9.19 de la mañana, mi compañera de piso me despertó.
–Oye, Amber ¿te interesa ir a Cuenca hoy? –Katie me preguntó.
–¿Mmmmmmmm? –le respondà desde la cama.
–Mira, el tren sale a las diez y tenemos que salir ya.
–¿Qué hora es? –estaba muy cómoda y no querÃa levantarme.
–¡Venga! Ahora tienes nueve minutos...
Salimos corriendo al metro pero llegamos a Atocha a las 10.01 en punto. Tuvimos que esperar casi dos horas para el próximo tren, pero valió la pena porque hay varias familias de tortugas que viven en el atrio de la estación. Después de sacar varias fotos de ellas, pedimos unos bocadillos para almorzar en camino y salimos.
La primera hora en Cuenca fue bastante confusa. En vez de pasar por la oficina de turismo, decidimos andar por la ciudad sin mapa. Estaba nublado y desde nuestro punto de vista, la ciudad no era tan bonita como esperábamos.
–Estamos en Cuenca. Son las tres y media de la tarde y estamos en Cuenca. Samantha me dijo que las vistas aquà son impresionantes, pero no estoy tan impresionada, y además, parece que va a llover –Katie dijo lo que yo estaba pensando.
–Pues, ¿por qué no buscamos la oficina de turismo?
Al final, encontramos la oficina, un mapa, las casas colgadas y unas vistas espectaculares. QuerÃamos un descanso de la ciudad y el aire libre nos ayudo un montón. Os recomiendo visitar la ciudad cuando podáis, y os lo presto mi mapa.


Zerdo Zerdo dijo
cuando el zerdo estuvo en cuenca, en el hueco de la chimenea habÃa un infierno, fuera se helaban las ranas y habÃa 4 personas de diferentes sexos en paños menores. Tal era el calentón que cuando salÃas a por leña te sobraba fuerza para cortar el tronco más grande. Entrabas a la cabaña con el sudor frio y buscando el calor de una buena hembra. Y buscando el fuego del extremo calentón.
No hubo casas, hubo cosas y no estaban precisamente colgadas. De hecho se podÃan partir nueces con el glande.
Gracias por evocar tan hermosos momentos.
13 Marzo 2007 | 11:59 PM